Calidad embrionaria


Estamos acostumbrados a que en las Clínicas de fertilidad nos informen sobre la calidad embrionaria en términos coloquiales (bueno/regular/malo) o en términos más científicos en los informes finales como embriones de calidad A, B, C o D. Pero qué significa esta clasificación de los embriones, en qué factores se basan y qué consecuencia tiene:

Para empezar, son muchas las variables que se tienen en cuenta a la hora de poder realizar estas valoraciones que serán llevadas a cabo por profesionales embriólogos expertos.

-          Evolución y ritmo de división.- Desde el momento en que un embrión es fecundado, su desarrollo, crecimiento y evolución debe atenerse a un patrón perfectamente estudiado. Cualquier alteración en este patrón, tanto por exceso como por defecto, nos hará disminuir la calidad embrionaria ya que las perspectivas de implantación también disminuirán. En este aspecto, la aparición de sistemas Time-Lapse, de los que hablaré en otro post, han dotado a los laboratorios que implementaron este sistema, de una gran cantidad de información al respecto que, de otra forma, no era posible.

-          Fragmentación.- Este es uno de los aspectos que, históricamente, más importancia se ha atribuido a la hora de la clasificación embrionaria. Cada vez que un embrión sufre una división celular en los primeros días posfecundación puede ocurrir que queden pequeños restos citoplasmáticos entre las células resultantes (blastómeras) que son medidas en tanto por ciento con respecto al volumen total del embrión.

Un ejemplo visual muy fácil de entender es cuando partimos una barra de pan con las manos, vemos cómo caen migas. Pues bien, estas migas resultantes al partir la barra en dos serían los pequeños fragmentos citoplasmáticos en el embrión. Estos restos se interpondrán entre las blastómeras cuando el embrión vaya a pasar a la fase de mórula en el cuarto día dificultando el contacto entre células y pudiendo provocar el bloqueo en el desarrollo del embrión y, por lo tanto, su muerte.

-          División simétrica.- No sólo la evolución debe ajustarse a un patrón, sino que todas las blástómeras del embrión deben dividirse al mismo tiempo y de forma simétrica, es decir, las nuevas blastómeras resultantes de la división deben de tener el mismo tamaño y con el núcleo celular perfectamente visible.

-          -        Aspecto del citoplasma.- La visión del citoplasma celular de las blastómeras es importante ya que ahí se encuentran los orgánulos celulares imprescindibles para que el embrión continúe desarrollándose sin problemas. Así, cualquier alteración en el citoplasma implicará un empeoramiento en el desarrollo embrionario y, por lo tanto, en su implantación.

Por ello, cualquier anomalía como la presencia de vacuolas (estructuras vacías a modo de burbujas), excesiva laxitud o retrotraimiento, un tono muy oscuro u otras inclusiones citoplasmáticas, empeorará su clasificación embrionaria.

-          Multinucleación.- Evidentemente, cada célula o blastómera de las que componen el embrión debe tener su núcleo y estar bien patente. En ocasiones pueden aparecen dos o más núcleos dentro de una misma célula que empeoran drásticamente su catalogación. Esta multinucleación tendrá mayor o menor importancia dependiendo del número de células afectadas.

-          Zona pelúcida.- Esta estructura es el recubrimiento de todo el embrión mantenida desde que solo era un ovocito y de la que el embrión en estado de blastocisto escapa practicando un pequeño orificio (hatching) para poder implantar. A veces, esta zona pelúcida se encuentra engrosada o endurecida, lo que impide su salida. Aunque este hecho también empeora su catalogación, es fácilmente subsanable mediante la técnica denominada “Hatching asistido”.

 

Estas son las principales variables a tener en cuenta, aunque existen muchas más, de menor incidencia o visibles solo a ojos del embriólogo experto que también pueden modificar la categoría del embrión.

La aplicación de todo esto es intentar determinar el potencial de implantación del embrión en cada una de las cuatro categorías establecidas, si bien es cierto que existen otros factores en esta capacidad de implantar como la edad de la mujer o su patología, ASEBIR ha establecido una correlación aproximada para menores de 40 años:

Embrión tipo A.- 40%

Embrión tipo B.- 24%

Embrión tipo C.- 19%

Embrión tipo D.- 13%

No obstante, esto es una simplificación ya que mayoritariamente, todavía se suelen transferir dos embriones, en ocasiones de distintas categorías, para aumentar las posibilidades de embarazo.

Un caso aparte y más difícil de catalogar serían los embriones llevados a cultivo largo y transferidos el 5º día en fase de blastocisto. En este estadío, además de corroborar que el embrión ha llevado una evolución ajustada a los patrones, se presta especial atención a dos aspectos:

1º.- El trofoectodermo o células que darán lugar a la placenta deben ser numerosas y de un mismo tamaño.

2º.- La masa celular, que dará lugar al bebé, debe estar claramente patente y compactada.

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